En la Universidad Nacional de Villa María se superponen dos planos que, lejos de dialogar, parecen contradecirse. Por un lado, docentes y nodocentes convocan este jueves a un paro de 24 horas en reclamo por la pérdida salarial y el deterioro del sistema universitario. Por otro, la conducción institucional queda bajo la lupa por decisiones que abren interrogantes políticos y administrativos.
El dato más sensible gira en torno al rector Luis Negretti, quien habría dispuesto la designación del ex intendente Martín Gill en un cargo dentro de la universidad. La decisión no es para nada neutra: según se señala, existe un protocolo interno vinculado a situaciones de violencia de género que, en otros casos, fue aplicado con rigor por la propia gestión. La excepción, entonces, introduce mucho ruido: ¿qué criterios rigen cuando se trata de figuras con peso político?

El segundo punto, menos visible pero igual de relevante, es el salarial. Trascendidos ubican la remuneración del rector en cifras cercanas a los 15 millones de pesos mensuales. No hay confirmación oficial. No la hay porque la universidad, ante consultas, habría optado por no informar el monto. En tiempos donde la transparencia es una exigencia básica, el silencio se vuelve una forma de respuesta.
En ese contexto, el paro docente deja de ser un hecho aislado para convertirse en síntoma. Los gremios denuncian pérdida de poder adquisitivo y reclaman financiamiento, mientras hacia adentro de la institución se proyecta una imagen de discrecionalidad en las decisiones y opacidad en los números.
La UNVM, como tantas otras universidades del país, atraviesa la tensión entre la escasez presupuestaria y la administración de sus propios recursos. Pero en este caso, el conflicto no solo se explica por la falta de fondos, sino por cómo se gestionan. Y, sobre todo, por lo que no se explica.
