La semana pasada, un vecino de Villa María atravesó una situación que expone, una vez más, las prioridades invertidas de la gestión del intendente Eduardo Accastello. Según relató a nuestra redacción, acudió a la Asistencia Pública con un fuerte dolor de muelas y allí le informaron que necesitaba una extracción, ya que no realizan tratamientos de conducto.
Tras varios días de medicación para controlar la infección, intentó obtener un turno para la intervención. Sin embargo, se encontró con un sistema que parece más pensado para complicar que para resolver: los turnos se solicitan mediante WhatsApp y son gestionados por una computadora. Después de reiterados intentos, finalmente obtuvo una respuesta. La sorpresa fue indignante: le informaron que, por el momento, no contaban con insumos para realizar extracciones y que se comunicara en dos semana.

La consecuencia fue sencilla y cruel: un vecino con un dolor insoportable, sin recursos para acudir a un odontólogo privado, quedó a la deriva. Afortunadamente, una persona solidaria decidió hacerse cargo del costo de la intervención y logró que recibiera la atención que necesitaba. Pero debemos preguntarnos: ¿qué ocurre con quienes no tienen esa suerte?
Resulta difícil comprender cómo una administración que destina casi mil millones de pesos en pauta oficial no puede garantizar insumos básicos para una prestación odontológica elemental. La salud pública no debería depender de la solidaridad de terceros ni de la paciencia de un vecino obligado a convivir con el dolor.
Accastello suele mostrar obras, anuncios y campañas de comunicación. Sin embargo, cuando un ciudadano necesita una respuesta concreta para un problema básico de salud, la realidad parece ser otra. Y esa distancia entre la propaganda y la vida cotidiana de los vecinos es, quizás, el síntoma más preocupante de todos.
Porque mientras abundan los recursos para difundir una imagen de gestión eficiente, hay vecinos que siguen esperando algo mucho más simple: que el Estado cumpla con su obligación de atenderlos.
