Cuando la historia une más que la política
Escribe: Jorge Anselmo Valinotto
Tiene gran importancia el acto concretado el pasado 14 de julio de 2026 por los municipios de Villa Nueva y Luján al formalizar el hermanamiento entre ambas ciudades. Lo es por la profunda coincidencia histórica, cultural y religiosa que las vincula.
Ambas se encuentran sobre el antiguo Camino Real que, desde los inicios de la colonización española, unía Buenos Aires con Córdoba, Santiago del Estero, Salta y el entonces Virreinato del Alto Perú. En el caso de Villa Nueva, antes de su fundación, el lugar era conocido como la Posta del Paso de Ferreira, en la vera del río Ctalamochita. Por ese histórico camino transitaron muchos de los grandes protagonistas de la historia argentina.

Sin embargo, existe un vínculo mucho más profundo y poco conocido que explica de manera singular el hermanamiento entre ambas ciudades.
En 1872, mientras se dirigía hacia las tolderías indígenas con el propósito de rescatar a los hermanos Lazos, vecinos de Villa Nueva que habían sido tomados cautivos durante un malón ocurrido en esta región, el padre Jorge María Salvaire fue apresado por indígenas y condenado a muerte.
Profundamente devoto de la Virgen de Luján, prometió que, si salvaba su vida, dedicaría el resto de ella a construir un gran santuario en su honor. Contra toda expectativa, recuperó la libertad y cumplió fielmente su promesa. Consagró su vida a obtener los recursos necesarios para levantar la Basílica de Luján, donde hoy el pueblo argentino venera a su Patrona.
De este modo, la historia de la familia Lazos de Villa Nueva quedó íntimamente ligada al origen mismo de la Basílica de Luján. Este episodio ha sido investigado y documentado con extraordinario rigor por Mons. Juan Guillermo Durán en su obra El padre Jorge María Salvaire y la familia Lazos de Villa Nueva (1866-1875), una investigación fundamental para comprender aquellos acontecimientos.
Solo este hecho bastaría para justificar el hermanamiento entre ambas ciudades. Pero existe además otro aspecto que merece ser destacado.
La administración municipal de Villa Nueva pertenece al radicalismo, mientras que la de Luján es conducida por el peronismo. Sin embargo, esa diferencia política no constituyó obstáculo alguno. Por el contrario, prevalecieron el sentido común, el respeto por nuestra historia y los valores compartidos. Los intendentes Ignacio Tagni y Leonardo Botto coincidieron de inmediato en impulsar una iniciativa despojada de toda especulación partidaria y orientada exclusivamente a fortalecer los lazos entre ambas comunidades.

También merece un reconocimiento especial la cálida hospitalidad brindada por el municipio de Luján a la delegación villanovense. El recibimiento, la organización del encuentro y cada uno de los detalles preparados para la ceremonia constituyeron una verdadera demostración de fraternidad.
Este hermanamiento proyecta un camino de cooperación mediante iniciativas comunes y se verá fortalecido con el compromiso asumido por el intendente de Luján de participar en los actos conmemorativos del bicentenario de Villa Nueva.
En lo personal, quisiera ver en este acontecimiento un símbolo de la Argentina que muchos anhelamos: un país donde las diferencias partidarias no impidan trabajar juntos cuando están en juego la historia, la identidad, la cultura y el bien común.
Cuando la historia une más que la política, la política recupera su verdadero sentido: el de servir a la comunidad. Ojalá las nuevas generaciones de dirigentes hagan de esta actitud una práctica permanente. Argentina necesita más ejemplos como este.
