La versión oficial de la Policía habla de un hombre de 25 años detenido por resistencia y desobediencia a la autoridad en Libertador San Martín y Scalabrini Ortiz, en barrio Santa Ana. Sin embargo, dos vecinas que aseguran haber presenciado el procedimiento ofrecen un relato completamente distinto y que merece, como mínimo, ser investigado.
Según las mujeres, el joven —oriundo de Villa Nueva y conocido por trabajar desde hace tiempo limpiando vidrios en ese sector de la ciudad— no mostró una actitud agresiva. Por el contrario, sostienen que fue increpado de manera prepotente por uno de los efectivos que llegó al lugar tras un aviso del Centro de Monitoreo.
De acuerdo con sus testimonios, cuando el muchacho intentó explicar que estaba trabajando para ganarse unas monedas, el policía comenzó a gritarle: “Te callás la boca”, impidiéndole hablar. Instantes después fue esposado y subido al patrullero.

Las denunciantes también afirman que, mientras era trasladado, el efectivo gritaba que “en la calle mandan ellos” y lanzó insultos de contenido racista contra el joven. “Sabemos que vive por La Floresta, es de una familia humilde, pero es un chico muy respetuoso. Mucha gente lo conoce porque trabaja hace años en esa esquina.”, expresó una de las testigos.
La investigación quedó en manos de la fiscal Juliana Companys, quien ahora tendrá la responsabilidad de determinar cuál de las dos versiones refleja lo ocurrido. Porque cuando el relato oficial y el de los testigos son tan diferentes, la obligación de la Justicia no es convalidar automáticamente la palabra del poder, sino establecer la verdad de los hechos.
Si las acusaciones de las vecinas son ciertas, no estaríamos frente a un simple procedimiento policial, sino ante un posible caso de abuso de autoridad, violencia institucional y discriminación. Y eso merece una investigación seria, independiente y transparente por parte de la fiscal Companys.
