La angustia ya dejó de ser una discusión gremial para convertirse en un problema humano. Detrás de los números, de los balances y de las excusas empresariales, hay familias que no saben cómo llegar a fin de mes. Y eso es exactamente lo que denunció una mujer de Villa Nueva, que se comunicó con nuestra redacción para exponer la situación que atraviesan trabajadores de la fábrica láctea “Don Armando”, perteneciente a la familia Conrrero.
Según relató, los empleados arrastran atrasos salariales de entre dos y hasta tres meses. Algunos trabajadores —afirma— llevan años dentro de la empresa y aun así no han recibido respuestas concretas. “Mi marido tiene 15 años de antigüedad y no le han pagado absolutamente nada. Nos van dando miserias que no alcanzan para vivir”, expresó con desesperación.
La mujer pidió preservar su identidad y también la de su esposo por temor a represalias o a que la situación termine afectando aún más la posibilidad de cobrar lo adeudado.
De acuerdo al testimonio, los intentos de contacto con los responsables de la firma fueron infructuosos. “Llamamos, mandamos mensajes, fuimos a la fábrica y nadie da la cara”, señaló. Incluso sostuvo que el conflicto ya fue planteado ante el gremio, aunque hasta el momento no hubo soluciones.
La planta está ubicada en el sector oeste de Villa Nueva, ingresando desde Ruta 2 hacia la derecha, en cercanías de la zona del ex Matadero.
Mientras tanto, los trabajadores aseguran que la producción no se detuvo y que la empresa continúa comercializando quesos normalmente. Por eso, la pregunta empieza a repetirse entre las familias afectadas: si la fábrica sigue trabajando, ¿por qué los empleados no cobran?
En la Argentina de hoy, donde el salario perdió buena parte de su valor y miles de familias viven al límite, dejar meses enteros sin pagarle a un trabajador no es solamente un incumplimiento laboral. Es empujar a personas comunes a una situación crítica.

Que los empleados les vacíen las camaras