En la Argentina actual ya no sorprende solamente cuánto gana un funcionario público. Lo verdaderamente llamativo es cuando esa información parece transformarse en un secreto de Estado.
Durante la reciente marcha universitaria realizada en Villa María, el rector de la Universidad Nacional de Villa María, Luis Negretti, fue consultado por un cronista acerca de si percibía un salario cercano a los 15 millones de pesos. La respuesta fue inmediata: “es mucho menos, casi un tercio de esa cifra”, aseguró. Pero nunca precisó cuánto cobra realmente.
El 16 de abril, desde Soy Villa Nueva se presentó un pedido formal ante el área de Asuntos Jurídicos de la universidad, encabezada por María Pía Vassia, solicitando información detallada sobre el salario del rector. El plazo legal de respuesta era de 15 días. Pasaron más de 35 y la universidad nunca respondió.
En un país donde permanentemente se reclama transparencia, resulta difícil entender por qué un dato financiado con fondos públicos debe manejarse con semejante hermetismo.
Según relató a este medio una docente de la UNVM, reconocida dentro del ámbito académico, el rector percibiría aproximadamente 12 salarios mínimos, vitales y móviles. Tomando el valor actual de $363.000, el ingreso rondaría los $4.356.000 mensuales. Es decir: Negretti habría dicho la verdad cuando afirmó que su sueldo estaba “cerca de un tercio” de los 15 millones mencionados.
Sin embargo, la discusión no termina ahí. De acuerdo a la explicación brindada por la docente, el rector también percibe una alta cifra en viáticos. Por ejemplo, si realiza una misión institucional al exterior —como ocurrió recientemente con un viaje a Japón— y tiene gastos extra de 3.5 millones, esos deben ser reintegrados por la universidad.
Naturalmente, en ausencia de información pública clara y detallada, aparecen sospechas, especulaciones y versiones de todo tipo. Y ahí está el verdadero problema: cuando el Estado no transparenta, deja espacio para que cualquier cifra parezca posible.
Porque en definitiva, más allá de cuánto gane el rector, lo importante es otra cosa: que los ciudadanos puedan saberlo sin tener que adivinarlo.
