El concejal opositor Manuel Sosa mandó un descargo extenso. Y, nobleza obliga, lo vamos a publicar completo. Porque cuando alguien quiere hablar, hay que dejarlo hablar. Aunque después las palabras choquen de frente con los hechos.
Hablamos de ese mismo Manuel Sosa que supo militar con fervor el proyecto político de Martín Gill, hasta que descubrió las mieles de ser un “opositor mediático”. El mismo que vive en Villa Nueva —donde paga sus impuestos y desarrolla su vida cotidiana— pero cobra una abultada dieta en Villa María. El mismo que suele incendiar el recinto con discursos grandilocuentes para, a la hora de votar, terminar acompañando aquello que minutos antes denunciaba a los gritos.
Porque memoria no falta. Ahí está Plaza Ocampo. Un emblema de la ciudad que intento ser entregada con el aval político de Sosa, quien ahora intenta justificar su posición diciendo que respondía al mandato de un club deportivo que presidía. Una explicación digna de esas excusas improvisadas que nadie cree, pero algunos igual repiten esperando que pase el temporal.
Y como si eso fuera poco, Sosa también votó a favor de entregarle tierras del Parque Industrial, valuadas en 2.4 millones de dólares a Juan Carlos Rabbat para construir la sede de la Universidad Siglo 21. Un predio que podría haberse vendido y destinado ese dinero a viviendas sociales para familias villamarienses.
También hablamos del dirigente que jamás encontró tiempo ni valentía para opinar sobre algunos de los escándalos más resonantes que atraviesan la gestión municipal de Eduardo Accastello y que este medio viene publicando en absoluta soledad. Ni una sola palabra sobre el caso de Verónica Vivó, ni la auditoria a la gestión de Martín Gill. Ni una palabra sobre los desmanejos en el área de Salud, conducida por otro ex compañero de militancia y ultrafiel a Gill, Marcos Bovo. Ni una palabra sobre el obsceno reparto de pauta oficial que alimenta a medios amigos y castiga a quienes no se arrodillan.
Porque ahí Sosa se vuelve curioso: habla de “la pauta” en abstracto, como si fuera una nube que flota sobre la ciudad. Nunca da nombres. Nunca dice quién cobró, cuánto cobró ni por qué cobró. Y claro, en ese reparto varios aliados mediáticos suyos aparecen siempre del lado de los beneficiados. Casualidades de la política moderna.
Ahora bien, después de años de silencio selectivo, de oposiciones teatrales y de indignaciones cuidadosamente administradas, Sosa decidió enviar un descargo a este medio. Y como no somos censores ni escondemos voces ajenas, lo publicamos textualmente a continuación:
“Hace meses venimos diciendo públicamente que la denuncia vinculada a estas cooperativas está a disposición de cualquiera que quiera verla. Lo dijimos una y otra vez. Invitamos a este pseudo medio a acercarse, leerla, revisar expedientes y acceder a toda la documentación.
Nunca fueron. Nunca la pidieron. Nunca les interesó conocer la verdad.
Y eso tiene una explicación muy simple: no buscan informar, buscan operar.
Porque si realmente quisieran contar la verdad, deberían explicar por qué Maximiliano Romero rechazó y observó formalmente las órdenes de pago vinculadas a estas cooperativas en el Tribunal de Cuentas. Eso está documentado. Está firmado. Existe.
También deberían explicar quiénes sí aprobaron esos pagos: los representantes del oficialismo de Accastello junto a quienes responden al acuerdo político con Capitaní, cuya mayoría en el Tribunal de Cuentas viene levantando la mano para aprobar absolutamente todo.
Pero sobre eso silencio total.
Ni una investigación.
Ni una crítica.
Ni una sola pregunta incómoda.
Este medio hace tiempo dejó de hacer periodismo para convertirse en un aparato de encubrimiento político del oficialismo y de Capitaní. Porque evidentemente para algunos un sobre puede más que la verdad.
Entonces inventan operaciones, mezclan nombres y pretenden involucrar justamente a quienes denunciamos estos manejos, presentamos pedidos de informes y llevamos irregularidades a la Justicia.
La maniobra es tan desesperada como ridícula: quieren ensuciar a quienes dejaron asentadas observaciones formales y denunciaron irregularidades, mientras protegen a quienes efectivamente firmaron y aprobaron los pagos millonarios.
Por más operaciones que armen y por más títulos tendenciosos que publiquen, no van a poder cambiar un hecho concreto: nosotros denunciamos estos manejos y dejamos constancia formal de las irregularidades; otros eligieron aprobar todo y mirar para otro lado.”
