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“Un peroncho con buenos modales y uñas más cortas”: la definición de Giacomelli que incomoda a Manuel Sosa

Publicada el mayo 4, 2026mayo 4, 2026 por Soyvillanueva

En política, los silencios no son vacíos: son mensajes muy potentes. Y en Villa María, el mutismo del concejal Manuel Sosa frente a casos como el de Verónica Vivó, o los despidos en la Asistencia Publica, ejecutados por Marcos Bovo, no pasaron desapercibido. Al contrario, confirmó lo que muchos sospechaban pero pocos decían en voz alta: que detrás de la impostura opositora se esconde una pertenencia más profunda, más orgánica, más peronista de lo que su narrativa reciente intenta disimular.

La frase de Fabián Giacomelli —filosa, sin eufemismos y directa— no hizo más que cristalizar esa percepción: “un peroncho con buenos modales y uñas más cortas”. Traducido al idioma real de la política, no es un insulto, es una clasificación. Una ubicación en el mapa del poder. Una advertencia.

Porque mientras el resto de la dirigencia especula con los tiempos largos, con el calendario que se activará después del Mundial, los libertarios juegan otro partido. Sin fotos, sin grandes actos, sin la liturgia del aplauso fácil. José Mourellé, Julieta Ceballos y el propio Giacomelli avanzan en un armado silencioso, casi subterráneo, pero con definiciones que otros evitan. No buscan agradar: buscan marcar territorio.

En ese contexto, Sosa aparece como una figura en tránsito. Un dirigente que quiso ser muchas cosas al mismo tiempo y terminó siendo funcional a todas. Intentó seducir al universo libertario con promesas logísticas —una sede, financiamiento, estructura— y recibió como respuesta un portazo sin diplomacia. Probó suerte en el juecismo, a través del puente familiar, pero ni siquiera logró atravesar el umbral. Desde Córdoba le bajaron el pulgar con un diagnóstico que duele más que cualquier crítica pública: “es parte de una interna peronista”.

Sosa, militando para Martin Gill Intendente.

Y ahí está el núcleo del problema. Sosa no crece porque no representa una alternativa, sino una variable. Un actor que no rompe, sino que divide. Que no construye mayoría, sino que fragmenta minorías. En términos más crudos: un candidato tapón.

Los radicales, que hasta hace poco lo miraban con cierta simpatía —acaso por necesidad más que por convicción— empezaron a recalcular. La frase de Giacomelli operó como un disparador. Como esos comentarios de café que, sin pretenderlo, ordenan más que mil encuestas.

Mientras tanto, el oficialismo observa. No necesita intervenir demasiado cuando la oposición se enreda sola. Si Sosa cumple el rol que ahora le asignan —el de dividir el voto opositor—, su utilidad política queda garantizada, aunque su discurso diga lo contrario.

En política, como en la vida, no alcanza con parecer. Hay que ser. Y a esta altura, en Villa María, ya no discuten lo que Sosa dice. Empiezan a entender para qué sirve.

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