Cuando Eduardo Accastello volvió al Municipio de Villa María para su cuarto mandato no consecutivo, adoptó una frase de cabecera, que tenía un sonido conocido: “no hay plata”.
El ajuste cayó sobre la estructura municipal. Según datos oficiales, la cantidad de trabajadores disminuyó un 33,5%, mientras que el área de Salud sufrió una reducción todavía mayor: de 119 a 72 empleados mal pagados, una caída del 39,5%.
Pero mientras se habla de austeridad, hay cajas que parecen tener otra lógica.
De acuerdo con el relevamiento de las órdenes de compra municipales, entre enero y septiembre de 2026 se destinaron aproximadamente $487.161.872 a publicidad y propaganda. Un promedio cercano a $55 millones por mes.
Osea: ¿para los trabajadores municipales no hay plata, pero para publicidad y propaganda sí?
Mientras se recorta en servicios y personal, hay un dato que contrasta. El aumento de los ingresos de la planta política y particularmente del Concejo Deliberante. Un edil villamariense, gana más que el Presidente Javier Milei.
La contradicción es demasiado evidente para esconderla detrás de una campaña de comunicación.
La austeridad puede ser necesaria. Nadie lo discute. Lo que resulta difícil de explicar es que siempre empiezan por el de abajo, y nunca llegan al de arriba. Los políticos locales, nunca son variables de ajuste. Y la publicidad oficial, tampoco.
No hay plata, dicen. Pero la realidad nos muestra que para algunas cosas sí.
