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El peronismo cordobés empieza a pensar a Gill como el sucesor de Accastello

Publicada el mayo 26, 2026mayo 26, 2026 por Soyvillanueva

Martín Gill atraviesa una de las paradojas más frecuentes de la política argentina: mientras hacia afuera todavía carga el peso de su situación judicial, puertas adentro del peronismo cordobés vuelve lentamente a ser mencionado como una alternativa posible para el futuro político de Villa María.

No porque exista entusiasmo militante alrededor de su figura. Tampoco porque haya desaparecido el costo político de la causa por presunta violencia de género que lo golpeó de lleno en los últimos años. Lo que pasa, es que en el peronismo cordobés las condenas políticas rara vez son definitivas. Mucho menos cuando un dirigente todavía conserva algo de competitividad electoral.

En mayo de 2025, la Cámara de Apelaciones de Río Tercero anuló una parte sustancial de la estructura procesal de la causa contra Gill. El fallo no significó una absolución ni el cierre definitivo del expediente. Sin embargo, produjo un efecto político inmediato: habilitó nuevamente conversaciones dentro del PJ provincial que parecían clausuradas.

Porque en Córdoba el peronismo no analiza solamente expedientes. Analiza utilidades.

Y bajo esa lógica, Gill todavía conserva atributos que el oficialismo provincial observa con atención: nivel de conocimiento, estructura territorial propia, vínculos internos y una capacidad electoral que —según distintas mediciones que circulan dentro del PJ— continúa siendo competitiva en Villa María.

Ese dato empieza a adquirir relevancia en un contexto donde el accastellismo ya no exhibe la solidez expansiva de otros tiempos.

Eduardo Accastello continúa siendo el gran ordenador institucional de la ciudad. Conserva poder, manejo territorial y centralidad política. Pero incluso dentro del oficialismo empiezan a admitir algo que hasta hace poco era incómodo mencionar: el ciclo comienza a mostrar signos de agotamiento.

Ya no aparece asociado a la idea de renovación o crecimiento político. Su figura empieza a quedar más vinculada a la administración de un poder consolidado que a la construcción de una nueva expectativa social.

Y cuando un liderazgo entra en fase de desgaste, inevitablemente arrastra también a quienes fueron pensados como continuidad de ese mismo esquema.

Ahí aparece la situación particular de Verónica Navarro. La dirigente que el accastellismo proyectaba como heredera natural de su estructura política. Sin embargo, dentro del propio peronismo local empiezan a reconocer que el desgaste del oficialismo también empieza a impactar sobre ella.

Las gestiones demasiado largas suelen producir ese fenómeno: el hartazgo social no distingue demasiado entre el conductor y quienes orbitan alrededor de su ciclo político.

En ese escenario, el nombre de Gill vuelve a circular silenciosamente en sectores del llaryorismo. No por nostalgia. Mucho menos por romanticismo político. Simplemente porque el oficialismo provincial empieza a mirar Villa María con criterio pragmático y lógica electoral.

Y en esa lectura, Gill siempre mantuvo una relación más fluida con Martín Llaryora que la que logró construir Accastello durante los últimos años.

Esa sintonía explica por qué, incluso después de su salida del Ministerio de Cooperativas y Mutuales, Gill nunca terminó completamente aislado del sistema político provincial. Mientras otros dirigentes caían rápidamente en el exilio político, él siguió conservando interlocutores, puentes y márgenes de supervivencia dentro del peronismo cordobés.

Posteriormente, Luis Negretti le brindo contencion politica dentro de la Universidad Nacional de Villa María. Primero como docente y luego reincorporándolo a la estructura institucional. Allí, lejos de la exposición permanente y del vértigo mediático, Gill comenzó un silencioso proceso de reconstrucción política.

Mientras tanto, el accastellismo empieza a enfrentar un problema probablemente más delicado que la oposición misma: el desgaste natural de un ciclo demasiado extenso.

Y es justamente en esos momentos cuando el peronismo cordobés suele reactivar dirigentes que parecían políticamente archivados, pero que todavía conservan una condición que el poder jamás desprecia del todo: la posibilidad concreta de volver a ganar.

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