En política no existen las casualidades. Mucho menos las fotos. Y en plena polémica por la presunta cooperativa fantasma vinculada a Juan Scibaldi, que le habría facturado más de $606 millones a la Municipalidad de Villa María —en gran parte mediante contrataciones directas— la legisladora provincial Verónica Navarro Alegre decidió mostrarse públicamente junto al subsecretario de Gestión de Mantenimiento Urbano, Rubén Aquiles.
La escena ocurrió durante la entrega de un aporte provincial de $20 millones a la Cooperativa “San Nicolás”, dedicada al mantenimiento de la Costanera. Un acto que, en apariencia, buscaba mostrar respaldo al cooperativismo y al empleo. Pero el dato político pasó por otro lado: Navarro eligió posar junto a uno de los funcionarios salpicados por cuestionamientos alrededor del manejo de cooperativas y contrataciones municipales.
Y ahí aparece el problema. Porque cuando un dirigente con aspiraciones a la intendencia decide compartir escenario, sonrisas y validación política con funcionarios cuestionados, el mensaje que transmite también es político. No alcanza con hablar de transparencia en los discursos si después se avala, aunque sea simbólicamente, a quienes están bajo sospecha pública.
Navarro Alegre parece haber entrado definitivamente en “modo candidata”. Reparte aportes, encabeza actos y gana presencia territorial. Todo legítimo. Pero en el intento de consolidarse dentro del esquema del intendente Eduardo Accastello, también corre el riesgo de quedar pegada a las sombras de una gestión cada vez más cuestionada por el manejo de fondos públicos.
Porque en política, a veces, una foto vale más que mil comunicados.
