Gustavo Orellano es un villanovense, que durante la gestión del ex intendente Natalio Graglia, pasó siete de los ocho años viviendo debajo de un puente con sus perros.
El Puente Juan Bautista Alverdi, más conocido como Puente Amarillo, fue su casa. Aunque no simpre, durante el primer año de ese mismo gobierno había levantado una casilla de chapa en un terreno cercano al centro vecinal de barrio La Floresta. Duró poco. Una topadora municipal se la tiró abajo sin orden judicial. Las chapas se las llevaron y nunca se las devolvieron.
A partir de ahí, tuvo que ir a vivir debajo del puente. Con lo que eso significa.

No fue un caso invisible. Durante la ultima campaña electoral por la intendencia, el entonces Tribuno de Cuentas, Sergio “Cacho” Aguilar, le prometió que si llegaban al poder lo sacaría de ese lugar. Se conocían de años: Orellano había trabajado con su hermano Daniel. La política, a veces, también es eso.
Cuando asumió, Aguilar cumplió. La Municipalidad le consiguió una vivienda en inmediaciones de la Iglesia del Padre Hugo. Gustavo se mudó con sus perros. Salió del puente.
En paralelo, el actual intendente Ignacio Tagni le otorgó en reiteradas ocasiones subsidios mensuales mediante decreto, en el marco de asistencia social. No es un dato menor: el Estado estuvo presente.
El 30 de abril pasado, el contrato de alquiler se terminó. El dueño le avisó con un día de antelación que se tenia que ir. Gustavo volvió a la calle con sus perros.
Hoy, hace una semana que busca alquilar. Según él mismo cuenta, el municipio se comprometió a cubrir el costo del alquiler. Falta la casa.
Durante el día, Gustavo permanece en el Puente junto a sus perros. Es su punto de referencia: ahí es donde encontrarlo. Si alguien tiene una vivienda en alquiler a un precio módico, puede acercarse hasta el lugar.
