No es un dato menor. Es, en todo caso, un dato político.
El concejal Manuel Sosa, habitué de las redes, opinador serial de coyunturas grandes y pequeñas, eligió esta vez el silencio. Y no sobre cualquier tema: calla frente al caso de Verónica Vivó, que expone, como pocos, los pliegues del oficialismo local.
El contraste es evidente. Mientras encuentra tiempo y tono para cuestionar decisiones como la privatización del estacionamiento del Centro Cultural Leonardo Favio, omite un dato incómodo: todos los concejales, sin excepción, incluido el, acompañaron la Ordenanza N° 8241 que dio forma al ente ENDEMUR. Ahí no hubo grieta. Hubo acuerdo.
El silencio, entonces, no parece casual. Tiene historia.
Sosa no es un actor periférico en este esquema. Fue parte —aunque hoy intente correrse— del armado político del ex intendente Martín Gill. En ese espacio compartió militancia con Vivó y con Jorge “Pampero” Barrera. No es una asociación forzada: es un recorrido común.

Ese vínculo tuvo expresiones concretas. Una de las más visibles fue el intento de privatización de Plaza Ocampo. En aquella audiencia pública, Sosa avaló el proyecto. En la sala, Vivó, como concejal oficialista, celebraba. Era una misma línea política empujando una misma decisión.
La discusión de fondo nunca fue menor. Se trataba de un canje que proponía entregar un inmueble en pedanía de Tío Pujio —adquirido en torno a los 100 mil dólares— bajo el argumento de inversiones que se elevaban al millón, a cambio de una plaza histórica cuyo valor, medido en superficie y ubicación, se proyectaba en cifras muy superiores. La ecuación no cerraba entonces. Tampoco ahora.
Ese pasado compartido vuelve a escena cada vez que el presente incomoda.
Por eso, el silencio de Sosa frente al caso Vivó no sorprende. Expone. Porque cuando el problema toca a los propios, el discurso se apaga.
Y en paralelo, empieza a delinearse otro movimiento: querer venderle a la sociedad que el único camino posible es la interna abierta del peronismo local, entre Eduardo Accastello de un lado y Manuel Sosa por otro.
La política tiene memoria. Y cuando aparece, expone.
