El peronismo de Villa Nueva empezó a mostrar sus cartas. Todavía no hay candidaturas oficiales, pero los primeros movimientos permiten advertir quiénes buscan posicionarse en una carrera que, aunque parece lejana, ya comenzó.
El gobernador Martín Llaryora decidió empoderar a dos dirigentes: el ex intendente Marcelo Frossasco y el concejal Angelo Valenzano. Dos nombres que empiezan a ganar volumen en el tablero provincial y local. En un segundo plano, aunque todavía vigente en la discusión por el poder, aparece Adriana Allasia.
La contracara es Natalio Graglia. Después del escándalo de las facturas apócrifas, su carrera política sufrió un aterrizaje bastante menos elegante. Pasó de la Subsecretaría de Municipios de la Provincia a un cargo de tercera línea en el ERSEP. Un descenso difícil de disimular, aunque sus seguidores se resistan a aceptar el desplazamiento.
Algunos todavía interpretan que los contratos vigentes en la Legislatura que conservan vínculos con Graglia, incluido el de su hermano Franco, representan una señal de respaldo. Confunden supervivencia administrativa con capital político. Y no necesariamente es lo mismo.
Graglia también perdió terreno en otro lugar mucho más difícil de recuperar: la consideración de los vecinos. Las encuestas marcan ese notorio deterioro y, en el Panal de Gobierno, los números pesan más que las nostalgias.
Pero hay una aparición que merece atención. Valentín Alaniz salió a la cancha y dejó en claro que quiere jugar. Cercano a Natalia De la Sota, con buen diálogo con el ex intendente Guillermo Cavagnero, creó Primero Villa Nueva, un espacio de identidad estrictamente local. Trabaja junto a una histórica del peronismo, Estela Montes, y también abrió canales de conversación con Osvaldo Soberbio.
El escenario muestra un peronismo fragmentado, con liderazgos en revisión y una sucesión que empieza a despertar apetitos. Hay nombres que reciben el impulso del poder provincial, otros que intentan conservar su lugar y algunos que buscan construir desde afuera de las estructuras tradicionales.
La crisis es profunda. Pero sería un error cometer el pecado de subestimar al peronismo. Puede perder una elección, extraviar sus liderazgos y hasta pelearse con su propia historia. Lo que rara vez pierde es el instinto de supervivencia.
En Villa Nueva, la interna recién empieza. Y nadie quiere quedarse afuera cuando llegue la hora de repartir el poder.
