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De la foto en comunion a la competencia silenciosa: ¿qué paso con la unidad?

Publicada el abril 15, 2026abril 15, 2026 por Soyvillanueva

En política, las sociedades rara vez se rompen: se desgastan. Y cuando se desgastan, ya no necesitan explicaciones públicas. Se evidencian solas.

El juecismo y el universo libertario cordobés ensayan, por estas horas, una coreografía conocida: la de los aliados que empiezan a medirse sin decirlo. Lo que hace apenas semanas era una postal de proximidad —con Luis Juez y Gabriel Bornoroni compartiendo escena— hoy muta en agendas separadas, actos descoordinados y señales cruzadas.

El episodio del acto suspendido no fue un accidente logístico. Fue un síntoma. En ese gesto —la baja de último momento de Gabriel Bornoroni— se condensó algo más profundo: la dificultad de ordenar un liderazgo común en un espacio donde todos miran el 2027, pero nadie quiere ceder el 2025.

La escena del fin de semana proximo, lo confirma. Luis Juez se repliega a su territorio natural, Villa Carlos Paz, donde conserva densidad política y afectiva. Bornoroni, en cambio, apuesta a la centralidad de la capital. Dos actos. Dos públicos. Dos proyectos que, por ahora, conviven más por necesidad que por convicción.

Detrás de esa convivencia tensa aparece la ingeniería electoral libertaria. En el laboratorio de Bornoroni ya circula una fórmula: él como candidato a gobernador y Soledad Carrizo como vice. No es una elección inocente. Es una jugada quirúrgica: capturar el voto radical, fragmentar el universo de Rodrigo De Loredo y ampliar la base sin depender del juecismo.

En paralelo, Patricia Bullrich ensaya su propia alquimia. Donde antes veía en Juez un candidato natural, ahora cambio hacia Bornoroni, proyecta a Laura Rodriguez Machado como su vice.

Mientras tanto, Luis Juez espera. No por pasividad, sino por cálculo. Intuye que la verdadera lapicera no está en Córdoba, sino en la Casa Rosada. Y apuesta a su vínculo con Javier Milei como capital político decisivo. Si hay acuerdo, será con él adentro. Si no lo hay, también.

El problema —para todos— es que el tiempo político no espera definiciones cómodas. Y Córdoba, históricamente, castiga la ambigüedad.

Así, lo que se presenta como una alianza en construcción empieza a parecerse a una interna anticipada. Sin ruptura formal. Sin declaraciones altisonantes. Pero con movimientos que estan a la vista de todos y hablan por sí solos.

En política, las alianzas no se rompen: se enfrían… hasta que dejan de existir.

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