La política de Villa María ofrece una paradoja difícil de explicar. El dirigente que mejor mide de la oposición, es Dario Capitani. Tras perder por una diferencia de 15.5 puntos frente a Eduardo Accastello en las elecciones del 1 de octubre de 2023, dos meses después sorprendió al incorporarse, junto a Karina Bruno, al gobierno provincial de Martin Llaryora.
Ese movimiento tuvo su correlato en Villa María, donde le entrego la mayoría del Tribunal de Cuentas a Accastello. La vocal Virginia Margara y las concejalas Natalia Gonzáles y Evelyn Acevedo comenzaron a acompañar en numerosas votaciones al oficialismo municipal.
Sin embargo, erroneamente, una parte importante del electorado villamariense sigue ubicando a Capitani como la principal referencia opositora. Allí aparece la primera gran distorsión.
La segunda surge al observar una encuesta privada de marzo de 2026, realizada sobre una muestra de 559 casos, a la que accedió en exclusiva Soy Villa Nueva. Capitani lidera con el 9,4 %, seguido por Manuel Sosa del peronismo disidente con el 8,9%.
Lo paradojico es que ninguno de los dos representa una oposición frontal al oficialismo. Es decir, los dos dirigentes con mayor nivel de conocimiento dentro del universo opositor, son quienes no cumplen ese rol. Sosa simula y Capitani, ni disimula.

Después aparece un pelotón muy relegado: el ex candidato a intendente Juan Zazzetti con el 4%; Julieta Ceballos, hoy en La Libertad Avanza, con el 3,9%; Felipe Botta de la UCR con el 1,9%; Nadia Brossard de Verdady Justicia con el 1,5%; Néstor Mojica con el 1,4 % y Giselle Machicado con el 1,2%. Todos aparecen con niveles muy bajos de consideración popular.
El dato más llamativo de la muestra es el del Concejal Pablo Perret. Según el relevamiento, no obtuvo menciones espontáneas como candidato. Paradójicamente, hoy transita un armado político junto a Julieta Ceballos, quien sí logra una mejor instalación pero desperfilada en su rol de lo novedoso.
Mientras tanto, el 40 % asegura que no elegiría a ninguno y el 12,5% permanece indeciso. Un océano electoral muy grande, sin representación.
Quizá esa sea la mayor fortaleza de Eduardo Accastello. No enfrenta una oposición consolidada, sino una oposición muy fragmentada, de bajo volumen electoral y, sobre todo, atravesada por una confusión de identidades. No está claro quién es realmente oficialista y quién ejerce, de verdad, el papel de opositor.
