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El laberinto villamariense: votos, ambiguedades y anticipos del 2027

Publicada el marzo 25, 2026marzo 25, 2026 por Soyvillanueva

En política, como en el ajedrez, hay piezas que avanzan con decisión y otras que prefieren la diagonal ambigua. Las elecciones legislativas del 26 de octubre de 2025 en Argentina dejaron, en Córdoba y particularmente en el departamento San Martín, una postal que excede el dato del momento: fue una señal.

Se renovaban 127 diputados y 24 senadores en todo el país. En Córdoba, 9 bancas en Diputados estaban en juego. Pero lo verdaderamente sustancial no estuvo en la aritmética institucional sino en la simbología del resultado: la irrupción de Gonzalo Roca, un desconocido que, con la boleta de La Libertad Avanza, le propinó una derrota categórica al ex gobernador Juan Schiaretti.

Los números en Villa Maria fueron elocuentes, casi crueles: 20.055 votos (42,53%) para La Libertad Avanza contra 11.108 (23,55%) de Provincias Unidas. No fue una elección: fue un mensaje. Y los mensajes, en política, siempre tienen destinatarios múltiples.

Schiaretti, que en el departamento llevaba como compañera de fórmula a la legisladora Verónica Navarro Alegre, quedó atrapado en una escena incómoda: la de quien supo ser hegemonía y ahora administra derrotas.

En paralelo, Natalia de la Sota, con Defendamos Córdoba, obtuvo 5.282 votos (11,20%), una performance modesta en términos absolutos, pero políticamente sugestiva. Porque no solo compitió: se instaló. En el departamento, su candidata fue Vanina Tealdi, respaldada por ese peronismo residual que no comulga con el oficialismo municipal que conduce Eduardo Accastello.

Ese peronismo —huérfano de conducción clara— encontró en De la Sota un refugio táctico. Y en Tealdi, una apuesta territorial que, sin estridencias, logró volumen propio.

Detrás de esa construcción, desfilaron nombres conocidos: el ex intendente Martín Gill, su ex secretario Sebastián Panero; un experto en comunicación politica, Otto Wester y el concejal Manuel Sosa, entre otros. Una constelación heterogénea, unificada más por la necesidad que por la convicción.

Pero como suele ocurrir, el conflicto no vino de afuera sino de adentro.

Sosa —una figura con vocación de omnipresente— protagonizó uno de los episodios más comentados de la campaña. En una reunión barrial, compartida con Natalia De la Sota, habría hecho decir a uno de sus colaboradores, que él debía ser el próximo candidato a intendente de Villa María.

La escena tiene algo de realismo mágico electoral: en medio de una legislativa, alguien juega a las municipales. “Estabamos en plena elección legislativa y el tipo salió con las municipales”, resumieron, con ironía, desde el propio espacio.

El problema no fue solo la declaración. Fue el método. La discreción calculada, el no querer mostrarse del todo, la ambivalencia como estrategia. O como síntoma.

Desde el sector que responde a Tealdi, la lectura fue menos poética y más brutal: “No se sabe qué es Sosa”. Una definición lapidaria que condensa el malestar. Lo acusan de alinearse con Gill, coquetear con el universo libertario —al punto de ofrecer abrir una sede de La Libertad Avanza en Villa María, iniciativa que habría sido rechazada por el entorno de Gabriel Bornoroni— y, simultáneamente, acercarse al ex diputado Jorge Valinotto, históricamente ubicado en las antípodas del delasotismo y cercano a Luis Juez.

Una síntesis incómoda: estar con todos. Y, en lo posible, ser siempre el protagonista.

Incluso se menciona un intento fallido —con aroma a operación política— de acercamiento a Juez, impulsado por su tio y principal operador Javier Sosa. Otra puerta que no se abrió.

La consecuencia fue inevitable: cortocircuito. Sosa, que venía colaborando con el espacio delasotista, no asistió al acto de cierre de campaña en el club Unión Central. Sí lo hicieron los demás integrantes de Uniendo Villa María. La ausencia, en política, siempre es un mensaje más potente que la presencia.

Mientras tanto, el tablero se reconfigura con la vista puesta en 2027.

Si Natalia De la Sota habilita el juego, Defendamos Córdoba proyecta a Vanina Tealdi como candidata a intendente de Villa María. La cuenta es simple, casi matemática: con repetir la mitad de los votos obtenidos en la legislativa, podría acceder a una banca. Pero el objetivo es otro: instalarse como una opción competitiva.

En ese movimiento hay quienes ven un guiño —sutil, pero eficaz— hacia el intendente Accastello, que buscaría su reelección. La lógica es conocida: fragmentar el voto opositor para consolidar el propio. Una estrategia que no requiere épica, solo precisión.
Sobre todo cuando, según reconocen incluso dentro del oficialismo, muchos de sus candidatos “muletos” llegan desgastados, con performances que apenas superan —cuando lo hacen— los 400 votos en elecciones consecutivas. Un capital electoral que ya no alcanza ni para sostener la ilusión. En criollo: ya no engañan a nadie.

Así, Villa María se convierte en un laboratorio político donde conviven tres dinámicas: la irrupción libertaria que desordena, el peronismo que se fragmenta y las figuras locales que oscilan entre la ambición y la indefinición.

En ese escenario, la elección de 2025 no fue un cierre. Fue un prólogo de lo que se viene.

Porque, como diría algún viejo operador de café, en política nadie se retira: simplemente espera su turno. Y en Villa María, el turno de 2027 ya empezó a jugarse. Con piezas que avanzan… y otras que todavía no deciden en qué casillero quieren estar.

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