La política local volvió a sacudirse esta semana tras conocerse la posibilidad concreta de una fractura en el bloque de Juntos por el Cambio en el Concejo Deliberante de Villa María. La eventual división —con Natalia Gonzáles y Evelyn Acevedo alineadas con Dario Capitani, y Felipe Botta junto a Pablo Perret perfilando un nuevo espacio— no es un simple reordenamiento interno: expone las tensiones de una oposición que, a dos años del cuarto mandato del intendente Eduardo Accastello, aún no logra consolidar una identidad política consistente.
En ese contexto, la frase del ex diputado nacional Jorge Valinotto cayó como una síntesis lapidaria: “Pobre Villa María. Los dos años pasados Accastello tuvo once concejales. Ningún otro intendente gozó de semejante situación. Solo Manu Sosa mostró independencia y oposición, lo tengo especialmente en cuenta”. El pronunciamiento no sólo cuestiona la comodidad legislativa con la que gobernó el oficialismo, sino que interpela directamente al conjunto opositor.
Valinotto, con trayectoria y peso específico dentro del radicalismo y del juecismo, no habló en abstracto. Señaló una mayoría inédita y marcó una excepción: Manuel Sosa. El reconocimiento fue celebrado por sectores vinculados a Uniendo Villa María, pero tambien del radicalismo y del juecismo, que observan en la actitud de Botta y Perret un movimiento más vinculado al oportunismo electoral de cara a 2027 que a una construcción alternativa real. La posible ruptura del bloque, lejos de fortalecer a la oposición, podría consolidar la percepción de dispersión y funcionalidad.

Sin embargo, el elogio a Sosa también merece un análisis objetivo. Es cierto que el edil sostuvo posiciones críticas y que, junto al tribuno de cuentas opositor Maximiliano Romero, impulsó denuncias mediáticas de alto impacto. Pero también es un dato verificable que, en dos años de gestión, la actual administración municipal no acumula una sola denuncia judicial por hechos de corrupción. La distancia entre la virulencia pública y la eficacia institucional alimenta cuestionamientos sobre la profundidad real de esa oposición, encabezada por Romero y Sosa.
La eventual fractura del bloque opositor deja a Dario Capitani en una posición incómoda. Lo ubica como el principal socio político del intendente Accastello.
La frase de Valinotto trascendió por su crudeza, pero sobre todo por su diagnóstico implícito. Más allá de las simpatías o antipatías personales, lo que queda expuesto es un sistema político donde el oficialismo gobierna con holgura y la oposición oscila entre la denuncia mediática –que ya cansa– , y la fragmentacion por conveniencia.

