Enero cerró con 63 detenciones de naranjitas y limpiavidrios en distintos puntos de la ciudad, según datos oficiales difundidos por el Ministerio de Seguridad de la Provincia. Desde el Gobierno destacaron el aumento de las intervenciones policiales y lo atribuyeron a una mayor participación ciudadana, remarcando que “la gente volvió a llamar al 911 porque hoy denunciar sirve”.
Sin embargo, el abordaje oficial vuelve a poner el foco casi exclusivamente en la criminalización de una actividad que existe desde hace décadas, invisibilizando una realidad más compleja. Los naranjitas y limpiavidrios siempre formaron parte del paisaje urbano y, si bien existen situaciones de intimidación y maltrato que deben ser sancionadas, también hay trabajadores informales que desarrollan la tarea de manera respetuosa, sin generar conflictos ni alterar el orden público.
Desde sectores críticos advierten que el Gobierno provincial parece haber “descubierto” ahora un fenómeno histórico, utilizando cifras y discursos duros amplificados por medios afines, con el objetivo de instalar una agenda de mano dura que avance hacia la prohibición lisa y llana de estas actividades, sin presentar alternativas concretas.
¿Qué solución se ofrecerá a quienes hoy subsisten como naranjitas o limpiavidrios y cumplen su tarea sin violencia ni coacción? Hasta el momento, el discurso oficial prioriza la sanción y la detención, pero no expone políticas de inclusión, regulación o reconversión laboral.
