Tras casi 50 días de combate ininterrumpido, los incendios forestales alcanzaron una magnitud crítica, con más de 40.000 hectáreas de bosque nativo e implantado consumidas por el fuego. Las condiciones climáticas extremas, con altas temperaturas y fuertes ráfagas de viento, generaron un comportamiento errático y violento de las llamas, que en algunos sectores superaron los 50 metros de altura.
El avance del fuego se vio potenciado por ráfagas de viento que alcanzaron los 50 km/h y temperaturas que superan los 28°C, lo que complicó seriamente las tareas de contención. El denso humo redujo casi por completo la visibilidad, limitando el uso de medios aéreos y obligando a concentrar los esfuerzos en el trabajo terrestre.
Ante la gravedad de la situación, se incorporaron brigadistas provenientes de Chile, que trabajan junto a equipos de distintas provincias argentinas. Las tareas se enfocan en la apertura de cortafuegos con maquinaria pesada y el uso de autobombas, priorizando la protección de zonas habitadas y viviendas rurales.
Desde los organismos intervinientes advirtieron que el escenario sigue siendo crítico y solicitaron ayuda internacional para reforzar el operativo, mientras continúan las labores para evitar que el fuego siga avanzando sobre áreas pobladas
