La historia de Gustavo Orellano, un villanovense cuyo amor por los animales es conmovedor, dio un giro trascendental. A sus 59 años, dejo atrás los últimos 7 años de su vida, marcados por la convivencia con sus perros bajo el Puente Amarillo, donde encontró refugio y compañía en los momentos más difíciles.

Gustavo, anteriormente, habito una humilde casita de chapa en un terreno cercano al centro vecinal del barrio La Floresta. Sin embargo, su hogar fue derribado sin orden judicial por las topadoras del municipio, en un claro abuso de autoridad por parte del Gobierno de entonces, durante la gestión de Natalio Graglia. Las chapas fueron retiradas y nunca se le restituyeron, dejándolo sin techo.
Ante esta difícil situación, Gustavo y sus perros se vieron obligados a buscar refugio debajo del Puente Amarillo. Sin embargo, esta vida en la intemperie no estuvo exenta de peligros. El pasado 15 de enero, mientras dormía, personas desconocidas prendieron fuego su colchón. El incidente causó conmoción entre los villanovenses, y generó un movimiento solidario entre vecinos, que acudieron en auxilio.
El hecho genero indignación y críticas hacia los políticos locales, pero surgió una luz de esperanza para Gustavo. El Secretario de Gobierno, Sergio “Cacho” Aguilar, desempeñó un rol fundamental en el proceso de reubicación de Gustavo y sus perros. Finalmente, la historia tuvo un desenlace feliz.

La Municipalidad de Villa Nueva concedió a Gustavo una vivienda en inmediaciones de la Iglesia del Padre Hugo, donde ahora reside junto a sus fieles compañeros. Este cambio no solo representa un techo sobre sus cabezas, sino también un nuevo comienzo lleno de esperanza y seguridad para Gustavo y sus queridos perros.