Sin lugar a dudas, Villa Nueva fue la meca de la corrupción durante la última década. Ciertamente, no fue la única ciudad donde se dilapidaron fondos públicos provenientes del kirchnerismo, pero sí una de las que lo hizo de manera abierta y desvergonzada.
La justicia villamariense debe investigar a varios ex funcionarios de la gestión del ex intendente Natalio Graglia. El mutismo respecto de la corrupción villanovense es ostensible y está a la vista de todos.
Un botón de muestra de ello es lo ocurrido en la última década en la Secretaría de Obras Públicas, a cargo de Carlos Alberto Piccolini, quien inició sus labores como funcionario público el 23 de septiembre de 2014, cuando Guillermo Cavagnero, esposo de la actual Tribuno de Cuentas de la oposición Adriana Allasia, lo designó como Secretario de Gobierno y Desarrollo Urbano.

Desde Cavagnero hasta la actualidad, los salarios siempre fueron bajos en Villa Nueva, apenas un poco más que una jubilación mínima. Se puede decir que los sueldos de la “plata política” local son austeros en comparación con los de la vecina ciudad de Villa María. Nadie podría amasar una fortuna con esos salarios. Sin embargo, algunos funcionarios de aquel período lo hicieron, y muchos vecinos no entienden cómo. Una explicación que deberían dar en la justicia.
Uno que logró multiplicar los panes y construir una fortuna personal fue Carlos Alberto Piccolini, quien no provenía de una familia adinerada, sino de un hogar humilde de barrio La Floresta y de trabajar como expendedor de combustible en una estación de servicios ubicada en Alem y San Juan, en Villa María.
Piccolini se caracterizó porque todo lo que hacía se pagaba con evidente sobreprecio, lo que constituye un delito. El beneficiado de esas contrataciones directas de su cartera, casi siempre, era Juan Pablo Scibaldi, a quien muchos señalan como su supuesto testaferro. Scibaldi, ni bien asumió Tagni, se presentó en la Municipalidad con una pila de boletas reclamando el pago de 100 millones de pesos.

Desde Soy Villa Nueva, realizamos un pedido de informe con la intención de dar a conocer a nuestros lectores de qué se trataban. Sin embargo, los dos Tribunos que responden al intendente Ignacio Tagni y la Tribuna de Cuentas de la oposición se negaron a brindar esa información, que tiene carácter de pública. No sabemos si Tagni le pagó o no a Scibaldi los 100 millones de pesos reclamados.
Lo novedoso es que Carlos Alberto Piccolini, de 49 años y con más de la mitad de su vida laboral como funcionario público, inició un nuevo emprendimiento de transporte, pero no invirtió en Villa Nueva, sino en la localidad de Arroyo Algodón, donde ahora cuenta con una impresionante y moderna flota de camiones.

La empresa, inscripta como GESCAP S.A.S, es una sociedad constituida en abril de 2024 y tiene como socio a Germán Horacio Suárez. No se trata del propietario de los concesionarios Honda, sino de un humilde trabajador, padre de familia y parte del entorno de los Graglia.
La sociedad tiene por objeto la construcción de obras públicas y privadas, el transporte nacional e internacional de cargas, la compra, venta y administración de bienes inmuebles, la realización de actividades financieras permitidas por la ley, la explotación agropecuaria y ganadera, la producción y comercialización de alimentos y bebidas, el desarrollo y distribución de software y equipos tecnológicos, la organización de espectáculos y eventos, la explotación de agencias de turismo, la gestión de centros médicos, la instalación y operación de editoriales y gráficas, la industrialización de materias primas, la importación y exportación de bienes y servicios, y la participación en fideicomisos y emprendimientos financieros.

Lo sorprendente es que el capital inicial fue de 560.000 pesos cada uno, teniendo un 50% cada parte. Mientras que Romina Vanesa Gauna, pareja de Piccolini, será administradora suplente. La representación legal y el uso de la firma social estarán a cargo de Germán Horacio Suárez.
Si usted no llega a fin de mes, puede preguntarle a Piccolini cómo logro acumular semejante fortuna que le permite acceder a automóviles, camionetas, motocicletas de alta gama para el ocio y vacaciones en lugares exclusivos, entre otros bienes de alto valor solo reservado para los adinerados.
Historias de esta Argentina insólita y un poco decadente.

