En estos tiempos, donde los gobernantes de turno perpetran atropellos contra vecinos indefensos, la figura del Auditor General de Villa María, Rafael Sachetto, cobra relevancia y se ve cuestionada. Hasta el momento, su silencio respecto al desmesurado aumento en las tasas municipales decretado por el intendente Eduardo Accastello, que en muchas ocasiones supera el 200% establecido por la norma, genera bronca entre los ciudadanos.
La inacción de Sachetto ante este injustificado incremento, que alcanza en algunos casos el 400% y 600% en las tasas de servicio a la propiedad, plantea dudas sobre su rol como potencial Defensor del Pueblo. En momentos críticos, su falta de intervención y su participación en reuniones aparentemente inconducentes que luego replica en redes sociales como un adolescente para justificar su abultado salario, cuestionan su compromiso con la defensa de los vecinos frente a los abusos del poder de turno.
Lo de Sachetto es una simulación de la democracia, ya que a este potencial Defensor del Pueblo lo eligen precisamente aquellos de quienes cada vez mas seguido debemos defendernos. Ante un tema tan sensible, donde se espera que actúe como órgano de control frente situaciones como el exorbitante aumento en las tasas municipales, su silencio y aparente complacencia generan rechazo.
Resulta llamativo que Sachetto, quien debería velar por la defensa de los vecinos contra los abusos y arbitrariedades del poder de turno, perciba el salario más alto dentro de la planta política municipal: $1.146.505.75 (Un millón ciento cuarenta y seis mil quinientos cinco pesos con setenta y cinco centavos), un monto que proviene de los bolsillos de los vecinos y no del intendente Accastello, a quien debería controlar y cuestionar.
Ante este panorama, surge la pregunta: ¿Si Sachetto nos va a defendernos, no es preferible seguir indefensos? La falta de acción y el silencio cómplice en momentos críticos, plantea interrogantes sobre su compromiso hacia los vecinos.